El Rincón de Ademúz

En los mapas, es la comarca valenciana más fácil de reconocer de toda la comunidad autónoma. Rodeada por el norte por tierra turolenses y por el sur por conquenses, el Rincón de Ademuz es un enclave de unos 370 kilómetros cuadrados con una forma almendrada que se rompe por el norte, donde el municipio de Castelfabib recorta un cuerno vertical.

Precisamente en esta localidad que hace referencia a su castillo romano (castillo de Fabio, según algunos científicos) se está recuperando una tradición con bastante ánimo: el domingo de Resurrección y durante las fiestas patronales de la Virgen de Gracia en septiembre, los jóvenes de Castelfabib están aprendiendo de sus mayores a hacer el volteo de campanas.

Pero, lógicamente, no es este rito el único motivo para visitar Castelfabib, la más septentrional de las poblaciones del Rincón de Ademuz. Hay que subir hasta las ruinas del castillo, situadas a 927 metros de altitud, para obtener una panorámica de la ordenada villa y también de las montañas circundantes.

Esta zona está cercana a la sierra de Javalambre y al punto más elevado de la comunidad autónoma, el cerro Calderón (1.839 m). El pico se encuentra en la Puebla de San Miguel, otra de las localidades enmarcadas en este territorio y que es a su vez el epicentro del parque natural del mismo nombre. Es valioso especialmente por sus seis microrreservas de flora y por albergar la mayor población de tejos de la provincia de Valencia.

Desplazándonos hacia el centro de la comarca encontramos la localidad capital y que le da nombre. Ademuz es un tranquilo pueblo de poco más de un millar de habitantes que se escalona disciplinadamente en la ladera por la que trepa. Coronando la villa, el castillo árabe del que queda ya poca cosa. Sería la fortaleza que daría nombre a la población (Al-Damus). Las panorámicas desde sus ruinas son majestuosas.

El visitante enseguida se fija en el pintoresquismo de las casas de la plaza Mayor, con sus exagerados aleros y los balcones con barandillas de madera torneada. En el distraído paseo por la población advertirá que no andan faltos de centros de culto: hay nueve templos entre iglesias y ermitas. La de visita obligada es la de Nuestra Señora de la Huerta, que habría sido construida por orden del propio rey Jaime I. Su origen románico es indudable, aunque luego cuente con reformas posteriores como el alero a tres aguas sostenido por dos columnas de la entrada que le da un aire peculiar. La teja y las cúpulas abombadas le otorgan el carácter valenciano.

Estas tierras del Rincón son el reino del río Turia, que cruza la propia Ademuz por el centro. Sin embargo, como se encuentra en los primeros kilómetros de su recorrido, hay tramos conocidos como Guadalaviar. El Boilgues y el Ebrón forman la trilogía de cursos fluviales que proponen interesantes excursiones por un territorio de baja densidad de población (parecida a la de Laponia) y mucho terreno forestal. 

Es una de las válvulas de escape para entrar en contacto con la naturaleza para los urbanitas valencianos que, sin embargo, no la tienen estrictamente cerca. De València hay Ademuz hay 140 kilómetros, aunque se llega por cómodas carreteras como la N-330 o la autovía A-23 si se desea hacer el recorrido por Teruel. 

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